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Hay un fenómeno que se ha viralizado en las últimas semanas en redes sociales, los therians son una comunidad de personas -en su mayoría adolescentes y jóvenes- quienes se identifican  o sienten una conexión en el plano psicológico, espiritual o neurológico con animales. 

De acuerdo con ellos, se trata de una “elección involuntaria” y descartan que se trate de una elección o un hobby. En palabras de Aguará, una chica therian a quien le pidieron definir qué es un therian en una entrevista callejera, se trata de alguien que “se identifica como un animal de forma involuntaria y a nivel parcial; no es total, nunca es total”.

En el mismo video, uno de ellos quien afirma que se identifica como un lobo describió “Yo siempre me sentí como un animal como un lobo. Yo sentía que este era mi animal, que ese animal me eligió a mí”. 

Este fenómeno a pesar de ser bastante reciente en redes sociales, no significa que sea un fenómeno reciente, ya que habría iniciado desde la época de los 90’s en los foros de internet en Estados Unidos. 

El joven comerciante Jesus Antonio de 25 años, quien asistió una convocatoria a una reunión de therians el pasado 20 de febrero en la Universidad Autonoma de Mexico (UNAM) describe su experiencia como therian como “lo más bonito que le ha pasado” y afirma que le da poca importancia a las miradas desconcertadas de su familia. Este fenómeno ha sido blanco de críticas en redes sociales, donde se han posteado varios videos de burla o de odio en contra de ellos. 

Jesus declaró “me siento muy contento, nosotros no le hacemos daño a nadie, yo les recomiendo que sean abiertos a otras cosas”. 

Mientras que otros medios argumentan que este fenómeno es un resultado directo de la decadente salud mental entre los jóvenes a causa de la falta de atención en el hogar y el uso excesivo del celular. Según, estos factores “crean un vacío que los adolescentes intentan llenar con identidades extremas” calificando este fenómeno como una forma de escapar de su realidad o un comportamiento que resulta de la falta de comunicación con sus familias.

Otra explicación describe que esto es una respuesta a la búsqueda de pertenencia y validación. Cabe aclarar que los therians se consideran una comunidad independiente de los furries, el término “therian” proviene del inglés therianthropy, que deriva del griego therion que significa “bestia o animal salvaje” mientras que anthropos significa ser humano. 

Ciertamente, el fenómeno de los therians no parece, en principio, causar un daño directo a terceros. Sin embargo, surge la pregunta de hasta qué punto esta “justificación” debe ser suficiente para aceptar una subcultura o comunidad dentro de una sociedad más amplia. Antes de determinar si este fenómeno debe ser aceptado o rechazado, es necesario realizar un análisis más profundo de las posibles causas sociales, psicológicas y culturales que pueden estar influyendo en su aparición y crecimiento. Aunque el comportamiento pueda considerarse “inofensivo” para otros, aún no se ha estudiado con suficiente profundidad cuál podría ser el impacto a largo plazo en las personas que lo practican.

Asimismo, es importante reflexionar sobre los límites de la inclusión social. Ser una sociedad inclusiva no implica necesariamente que todo comportamiento deba ser aceptado sin cuestionamiento. La tolerancia también requiere evaluar posibles consecuencias sociales, éticas y legales. 

Incluso dentro de esta discusión, se han reportado incidentes aislados en los que personas que se identifican como therians han cruzado límites físicos con otros, como un incidente en el que se reportó que un therian mordió a una adolescente de 14 años lo que plantea interrogantes sobre cómo deben manejarse estas situaciones.

Debe existir una correlación entre este fenómeno y su prevalencia entre los jóvenes, especialmente considerando que la adolescencia es una etapa de muchos cambios físicos y emocionales. Sabiendo que la región del cerebro que controla nuestra capacidad de decisión -corteza prefrontal-y que nos permite pensar antes de actuar se desarrolla después de la adolescencia y aún se encuentra cambiando y madurando mucho después de la adultez.

El sentido de pertenencia es parte de la naturaleza humana, en todas nuestras etapas de nuestra vida necesitamos sentirnos pertenecientes acompañados, en la niñez tenemos a nuestra familia, en la adolescencia durante la búsqueda de independencia e identidad buscamos pertenecer en grupos sociales ya sea en la escuela o en el trabajo. 

Siendo esto un resultado de una configuración en el cerebro de los jóvenes que se enfoca en buscar aceptación social. Más adelante, en la adultez, esta necesidad de conexión suele manifestarse en la búsqueda de relaciones íntimas y de pareja, donde se procura construir un vínculo estable y significativo. En todas estas fases, la pertenencia no solo cumple una función social, sino también emocional y psicológica, al contribuir al desarrollo de la identidad y al bienestar personal.

¿Qué ocurre cuando una de las necesidades humanas más fundamentales — la aceptación social — no es satisfecha? La necesidad de pertenecer es central en la construcción de la identidad y el bienestar emocional. En algunos casos, la existencia de comunidades como la de los therians podría interpretarse como una respuesta a sentimientos de marginación o exclusión social. Personas que experimentan una falta de pertenencia entre sus pares pueden buscar espacios alternativos donde se sientan comprendidas y validadas.

En este contexto, el desarrollo de un alter ego asociado a un animal puede funcionar como una forma de expresión identitaria o incluso como un mecanismo de afrontamiento. Similar al roleplaying (juegos de roles), esta identidad puede permitirles reivindicar experiencias de rechazo y encontrar empoderamiento en una narrativa distinta sobre sí mismos. Además, al integrarse en una comunidad de personas que atraviesan procesos similares, pueden experimentar un sentido de conexión y apoyo mutuo que quizá no encuentran en otros espacios sociales.

Este fenómeno, más que reducirse a una conducta aislada, puede analizarse como una manifestación compleja de dinámicas sociales, psicológicas y culturales relacionadas con la identidad y la pertenencia.

Por otro lado, este comportamiento tal vez representa una forma de rebelión contra la sociedad y las expectativas impuestas por el mundo contemporáneo. Los seres humanos somos la única especie con capacidad de razonamiento complejo y, aún así, somos responsables de crímenes despiadados contra la humanidad —genocidios y guerras— mientras continuamos contaminando el planeta. También hemos creado construcciones sociales que oprimen a otros, como las fronteras, las clases sociales, los géneros, los estándares de belleza y las jerarquías raciales.

Quizá, en un mundo que resulta abrumador y cargado de exigencias, convertirse en therian representa una vía de escape frente a la complejidad de la experiencia humana. Personas que desean dejar de ser personas, aunque sea simbólicamente, y encarnar una identidad en la que esas preocupaciones parecen no existir: el mundo animal. 

Sin embargo, surge la preocupación sobre cómo se trazan los límites entre identidad personal y responsabilidad social. Si una persona adopta comportamientos asociados a animales, ¿cómo se garantiza que estos no entren en conflicto con normas básicas de convivencia?

Considerando que los animales no se rigen por leyes o normas sino por instinto. ¿Hasta dónde marcarán el límite al instinto animal? Estas preguntas no buscan estigmatizar, sino abrir un espacio de reflexión sobre cómo equilibrar el respeto a la identidad individual con el cumplimiento de las normas que rigen la vida en sociedad.

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