Arick Otiura y Alfredo Sandoval

En una era dominada por pantallas LED, anuncios digitales y diseños generados por computadora, pocos oficios tradicionales sobreviven con la misma fuerza y dedicación que los letreros de neón hechos a mano. Para muchos, el neón es simplemente un símbolo vintage de épocas pasadas, para otros una estética que ha vuelto de moda gracias a Instagram y la cultura pop. Pero para los CEOS detrás de neos usa, Arick Otiura y Alfredo Sandoval es algo mucho más profundo: es un arte que merece ser valorado y preservado. 

“Siempre he admirado la luz y la imagen que emite el neón”, explica Arick Otiura. “Hay algo mágico en saber que detrás de cada pieza hay un artesano que dedicó años de práctica para dominar el vidrio. Es un trabajo de precisión y paciencia que hoy en día está desapareciendo poco a poco”. Para ellos, trabajar con neon original (fabricado con vidrio tradicional) no solo mantiene viva una técnica antigua, sino que también rescata el respeto hacia los oficios que formaron parte de la historia visual de las ciudades. 

El negocio nació a partir de un sueño aparentemente simple: crear un logo de un auto fabricado completamente en vidrio de neón. Sin embargo, pronto descubrieron que encontrar artesanos capaces de producirlo era muy difícil.

“Un día se nos ocurrió la idea de poder crear un logo, pero lograr encontrar un artesano era muy difícil así que salimos a la búsqueda por diferentes lugares hasta que encontramos la persona indicada. El letrero quedó espectacular así que pensamos: ¿Por qué no crear un taller, contratar artesanos, aprender las diferentes técnicas y producir nuestros propios letreros?” 

Ese pensamiento fue el punto de partida. A partir de una conversación con su amigo Alfredo Sandoval, comenzaron a trabajar en su primer letrero juntos con su taller y artesanos. El proceso tomó 60 días de pruebas, errores, aprendizajes y descubrimientos. Pero terminaron la pieza. Y después de ese inicio, el negocio dejó de ser un hobby para convertirse en un proyecto formal.

Hoy, después de mucha práctica y ya con un taller establecido, producen alrededor de 8 letreros mensuales, cada uno con un diseño único y elaborado cien por ciento a mano.

Cuando un cliente llega pidiendo un letrero, el proceso es meticuloso. Todo inicia con una simple pregunta: ¿tiene un logo o un diseño que quiera replicar? A partir de ahí se definen colores, medidas y el espacio donde irá colocado. Luego llega la parte técnica: crear un plano o vector, determinar la cantidad de vidrio necesaria y comenzar el doblado, la etapa más desafiante.

“El doblado del vidrio es lo más difícil,” explican. “Tienes que literalmente derretirlo y darle forma siguiendo el diseño exacto. Cualquier error, cualquier movimiento mínimo, puede arruinar toda la pieza.”

Después del doblado, los tubos se llenan de mercurio y se hace un vacío interno para permitir que el gas circule de manera uniforme. 

Los electrodos se colocan uno por uno, luego, el vidrio se monta cuidadosamente sobre una caja o gabinete construido a la medida. Finalmente, se hace el cableado y se instalan los transformadores correspondientes. 

Una vez armado, el letrero se prueba durante 48 horas para asegurarse de que el gas circule homogéneamente y el brillo sea uniforme.

“Es un proceso largo, delicado y muy técnico”, afirman. “Por eso el neón original es tan valioso. No es solo un anuncio: es una pieza artesanal.”

Hoy en día, quedan menos de 20 personas en todo Estados Unidos que siguen dominando la técnica tradicional de doblar vidrio para neón. Esta escasez ha hecho que el trabajo del taller sea especialmente valioso, no solo para negocios sino para coleccionistas que buscan piezas auténticas.

Uno de los mayores retos del negocio, dicen los CEOS, es que mucha gente no comprende la cantidad de habilidad detrás de cada letrero. “A veces toma tiempo que la gente aprecie el valor real de una pieza hecha a mano. No es algo que encuentres fácilmente, ni algo que cualquiera pueda hacer.”

A pesar de esto, el neón mantiene una presencia importante en la estética actual, especialmente en colores clásicos como el rojo, el favorito de la mayoría. “El rojo es el color original del neón. 

Los demás se consideran vidrios de colores, pero el neón auténtico siempre ha sido rojo.”

Aunque las tecnologías cambian, los CEOS tienen una visión clara sobre el futuro del diseño luminoso: “Es un negocio que nunca va a desaparecer. 

El marketing visual es parte de la columna vertebral de cualquier negocio. Siempre habrá necesidad de algo que llame la atención, que ilumine y que cuente una historia.”

Su taller, entonces, no solo produce letreros: preserva una tradición que mantiene viva una forma de arte única dentro del mundo de la publicidad.

Cuando se les pregunta qué mensaje les darían a estudiantes de UCSB que quieren emprender, responden sin dudar: “Primero, sigan su pasión. Aprendan todo lo que puedan para ofrecer un buen producto. Sean disciplinados, creativos y perseverantes. Y nunca —nunca— descuiden los detalles. Un negocio se sostiene cuando uno hace las cosas bien desde el principio.”

Para ellos, esa filosofía ha sido clave: cada letrero que han producido representa no solo trabajo, sino orgullo. Y ese orgullo es, sin duda, lo más gratificante de dirigir el taller.

“Lo mejor es ver terminado cada letrero que nos proponemos hacer. Cada uno es un logro.”

En un mundo donde lo digital avanza rápido, su negocio se ha convertido en un recordatorio brillante —literalmente— de que el arte tradicional aún tiene un lugar irremplazable. Y mientras el neón siga iluminando calles, negocios y hogares, habrá personas como ellos dedicando su vida a mantener su luz encendida.

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